17 enero 2011 Crítica, Internacionales, Premios, Profesionales, Series

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Lo bueno, lo feo y lo malo nace con el objetivo de ser un veredicto televisivo regular e inconexo, repasando cada semana lo que, bajo la opinión de un humilde servidor, ha sido lo mejor, lo peor y lo que nos ha dejado completamente indiferente en siete días como tele-espectadores a los dos lados del charco. Celebrando la gran fiesta de la televisión y el cine, una edición especial de la sección.

dedokLo bueno: Boardwalk Empire ganadora, donde dije digo, digo Diego

En mi primera entrada de esta sección comentaba mis dudas respecto a Boardwalk Empire, por el lento comenzar de sus primeros episodios, que no consiguieron engancharme. Sin embargo, hoy me alegro de que se lleve el premio a Mejor Drama y, sobre todo, que un Steve Buscemi pletórico (nunca lo suficientemente reconocido en Hollywood) se levante como mejor actor.

Desde el estreno de esta sección, y gracias a las Navidades, he podido disfrutar de la primera temporada completa de la serie sobre la época de la ley seca, y no puedo hacer otra cosa que fustigarme por hablar demasiado rápido. Poco a poco la serie crea un ambiente con el que da gusto familiarizarse, lleno de claros y oscuros y un magnífico elenco coral inter-estatal en un entorno demasiado glamuroso para ser perfecto.

Igual que Los Soprano, Empire es el dibujo de una banda de gente corrupta y mafiosos que lo hacen todo por el poder y los intereses políticos, dentro de una espiral de trapicheos de la que es imposible salir. Buscemi, Michael Pitt, Michael K. Williams y un grupo de secundarios en horas altas se ocupan de este universo. Enfrentados a un Michael Shannon interpretando a un policía no tan incorruptible como aparenta, que solo es el reflejo bondadoso de las dudas y valores cristianos de Nucky Thompson. Como Mad Men, Boardwalk es también el retrato de la influencia femenina en una época donde eran menos que una rica concubina o una salvaje artista de variedades. Kelly Mcdonald es la responsable de esta vertiente, otro rol metido en una espiral de la que le es imposible salir, y de la que tampoco desea escaparse. Ella es el verdadero corazón de la producción, y no solo olvidarse de ella es un error, sino también colocarla entre las secundarias (una categoría que es un despropósito que unifica comedia, telefilmes, miniseries y dramas).

Merecidamente reconocido es Buscemi. Después de años habiéndose ganado uno de estos honores, por fin se le reconoce como una de las personas que hace grande Hollywood, uno de estos secundarios que por el hecho de aparecer en una película la eleva a otro nivel. Todo el que dijera que Buscemi no era el apropiado para hacerse con un papel de un hombre poderoso, que sabe conquistar a las mujeres y controlar todo el sistema americano, estaba muy equivocado. Aunque su Nucky Thompson, como todos los de estas serie, tiene muchos fantasmas interiores que observan y critican su conducta, aunque la siguen apoyando. Igual que hacemos los espectadores

dedokLo bueno (el vídeo de la noche): Ricky Gervais explota la burbuja de hipocresía de Hollywood

Como anticipábamos en Cinetelia, Ricky Gervais (mi Dios particular) ha conseguido hacer interesantes una noche bastante predecible, y a su paso levantar una humareda que nunca viene mal a este tipo de actos. Diciendo lo que todos los espectadores pensábamos, y haciendo lo que un humorista siempre debería hacer (sátira de un mundo generalmente intocable sin preocuparse por ofender y contentar), el presentador se metió con lo más facilón y recurrente –Charlie Sheen, Mel Gibson– pero también con todas las estrellas de la sala, sin miedo a dejar a la altura del betún la mediocre The Tourist, parodiar a una desfasada Cher, el último matrimonio de Hugh Hefner o reírse de las acusaciones de sobornos a la prensa extranjera.

No obstante, y aunque muchos actores lo han recibido sin ningún problema, los medios estadounidense se han escandalizado por la premisa, y el director de la Asociación ha afirmado que se ha pasado de la raya. Al parecer, aunque ésta sea la gran fiesta de Hollywood, el humor y la autocrítica no está permitida, y como diría el señor lobo de Pulp Fiction, “es hora de chuparse las pollas“. Gervais es precisamente todo lo contrario. A través de sus dos magníficas series, The Office y Extras, y sus brillantes monólogos, hemos tenido la suerte de comprobar cómo es capaz de reírse de todo, y hacernos reír al público, mientras que no da ninguna importancia al mundo hipócrita y ombligista que le rodea, ni a sí mismo. El final de Extras es lo que mejor describe a Gervais y su proyección sobre la fama, un monólogo tan corrosivo que puede dañar a los de dentro del show-business, pero que es tan real como falso ese mundo. Viendo este vídeo os preguntaréis como yo, ¿Si no querían polémica porque lo contrataron?

Solo porque su última frase fuera “Gracias a Dios por hacerme ateo” (una tema constante en su carrera) mereció la pena la noche. La semana que viene os hablaré sobre su divertidísima serie animada de HBO The Ricky Gervais Show, un razón más para adorar a este genio que solamente se toma en serio el propio sentido del humor.

dedokLo bueno: las sorpresas siempre son bienvenidas

Las sorpresas siempre son bienvenidas en ceremonias de premios de tres horas, y si son merecidas, pues mejor que mejor. Boardwalk Empire es de por sí una pequeña gran sorpresa (después de que Mad Men saliese victoriosa durante tres años), pero las más agradables e inesperadas vinieron de la mano de las actrices.

La veterana Katey Sagal por fin ha sido reconocida tras años dando el callo en comedia (Matrimonio con Hijos), drama (Perdidos) e incluso animación (es la reconocible voz de Leela en Futurama). A pesar de haber sido obviada durante demasiado tiempo, es una serie de culto -pero con poca audiencia- como Son of Anarchy la que la vuelve a poner en el mapa. Entrando además en una categoría donde ninguna mujer repite desde los primeros tiempos de Edie Falco en Los Soprano (demasiadas mujeres buenas a las que premiar). Todo hubiera sido perfecto si su ex-marido en la ficción Ed O’neil hubiera conseguido lo mismo con su genial rol de Modern Family, otro injustamente olvidado una y otra vez.

Tampoco nos quejamos de la victoria de Laura Linney como mejor actriz de comedia, aunque su Cathy y The Big C no sea tanto una comedia como un drama que en ocasiones nos hace reír. Su actuación es sublime, adorable y cautivadora, y con ella hemos llorado hasta secarnos en muchas más ocasiones de las que nos hemos reírnos hasta desgañitarnos. La actriz, que no acudió a la gala por la reciente muerte de su padre, demuestra además que esta categoría pertenece a Showtime, encargada de crear los mejores personajes femeninos para un buen número de comedias negras sin tapujos.

Pero si algo fue sorprendente eso fue el galardón a la mini-serie Carlos, una pequeña producción franco-alemana (pero con mucha sangre latinoamericana y hablando hasta ocho idiomas) que ya había recibido algo de amor por los críticos cinematográficos y compitió en el pasado Cannes. La prensa extranjera se internacionaliza y, por primera vez desde el 2000, no da el premio de mejor mini o telefilm a HBO, productora de tres de las cinco elegidas. Habrá que echar un vistazo…

Lo feo: La línea de separación entre televisión y cine

Una de las cosas buenas que da los Globos de Oro es el maridaje que crea entre la televisión y el cine. Sin embargo, este casamiento sigue sin ser absoluto en la gala, donde las estrellas de la pequeña pantalla se encuentran sentados a kilómetros del escenario, y con una clara línea de escaleras separándoles de sus contrapartidas cinematográficas. A veces su llegada hasta el estrado se hace eterna… y extraña.

En una época donde estas divisiones no son tan aparentes, la organización debería arreglar el problema, que crea situaciones como las de colocar grandes nombres de la actuación en un segundo plano (e incluso de pié), pese a que sean verdaderas estrellas. Solo hay que echar un vistazo a los ganadores. No es casualidad que algunos de los premiados por su labor en el cine sean más reconocidos por sus excelentes trabajo en televisión, que les sirvió de trampolín y con la que siguen teniendo estrechas relaciones. Melissa Leo es regular en Treme y ha participado en incontables series durante los años; Paul Giamatti siempre tiene negocios con HBO (John Adams, Too Big To Fail…) y este año incluso se ha dejado ver por 30 Rock y, por supuesto, Aaron Sorkin es uno de los creativos más aplaudidos de la televisión moderna. Algunos de los premiados televisivos, por su parte, son estrellas de cine con todas las de la ley, véase, Al Pacino, Laura Linney, Steve Buscemi o Claire Danes. Buenos tiempos para pasear entre medios. Es hora de cambiar de imagen.

dedobadLo malo: ¡Bien por Glee!, pero ¿Dónde está Modern Family?

Glee se merece todos mis halagos, por ser una serie valiente y divertidísima que ha sabido saltarse a la torera los parámetros de comedia de instituto para navegar por un humor poco habitual y temáticas fuera de lo común, pero, sin embargo, no es la merecida ganadora, ni mucho menos. La serie de Ryan Murphy es posiblemente la producción que más alti-bajos sufra en la pequeña pantalla, todo lo contrario a Modern Family. La falta de consistencia del musical hace que una semana estemos ante un capítulo de diez, que convine a la perfección los momentos más dramáticos y lacrimógenos con la comedia más surrealista, para que siete días después emita un episodio sin unas tramas delimitadas y dedicado a canciones sinsorgas, como si de una serie de variedades se tratara. Tener tres show-runners y creadores con voces muy diversas e incluso enfocando a los personajes de una manera muy distinta, hace que su tren en ocasiones se descarrile, y que sus tramas no fluyan como deberían.

Si algo tiene Modern Family precisamente es consistencia. La comedia familiar en cambio es graciosa semana tras semana, y todos y cada uno de los miembros de elenco están siempre en su sitio, otorgando las perfectas medidas de chistes. Lo que nos atrae directamente hasta otro de los grandes fallos de la segunda etapa de Glee, donde parece haberse olvidado del elenco protagonista para expandir su cast hasta límites insospechados. Ahora, Murphy no es capaz de deshacerse de ninguno de los miembros que siguen entrando al reparto en tropel, como muestra la exagerada cantidad de gente sobre el escenario y haciéndose fotos con el Globo. Glee sabe utilizar a sus invitados, pero no ha aprendido a prescindir de ellos. Glee merecía el premio el año pasado, pero repetir estaba de más. Dicho esto, estoy convencido que Julie Bowen, Ty Burrell, Sofia Vergara y compañía no tardarán mucho en subir al estrado, siempre que mantengan el el mismo nivel de calidad.

Para terminar la sección qué mejor que el discurso de agradecimiento de Chris Colfer, posiblemente la mejor recogida de premios de la noche. De la que deberían aprender muchos de sus mayores. Escueta, divertida, adorable y con contenido:

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