10 junio 2014 Crítica, Estrenos, Profesionales, Programación, Series, Telecinco

Chiringuito de Pepe, exceso de grasa con un toque de gracia y buenos actoresEl cambio del aceite en las freidoras de los bares y chiringuitos más populares de España seguramente haya sido un tema de debate para muchos de nosotros y ayer suponía uno de los elementos más graciosos del Chiringuito de Pepe, la oferta de ¿comedia? de Telecinco para el verano. Una tirita, un periódico del 23F y una portada de ¡Hola! con unos jóvenes Julio Iglesias e Isabel Preysler nos daba a entender desde cuándo no se limpiaba ese instrumento básico en los establecimientos que regentan muchos “reyes de la fritanga” porque Pepe Leal es una representación de ellos.

Un momento brillante de la serie fue el spot que graba Pepe Leal con su hijo Vicente y su sobrino para intentar atraer clientes a su establecimiento. Sin embargo, la ficción incurre en tantas y tantas cosas que hemos contado en más de una ocasión y seguramente sus creadores tengan mucho menos que ver de lo que imaginamos. La sombra de las televisiones es alargada y ya sabemos de sobra que en España el prime time comienza a las 22.30 horas y que si la ficción es nacional ha de tener los capítulos lo suficientemente largos para ocupar esta franja.

Entonces pasa lo de siempre, después de unos minutos entretenidos, comienza el bajón de intensidad y lo que parecía una comedia se convierte en una dramedia. Entonces, piensas, esto en 22 minutos hubiera sido otra cosa y si aceptas la introducción de otras tramas “moñas”, te vas a unos 44 minutos, menos intensos, pero sin un exceso de grasa como la que tuvo el capítulo de ayer. Sí, exceso de fritanga, de rebozados, de ácidos saturados… y de glucosa.

La trama con niños es una obligación en las series españolas y a las 22.30 horas, estos ya deberían estar durmiendo. Da igual lo monos que sean, lo que molesta es que haya que construir un producto para toda la familia sí y sí -que cubra todos los targets-. Los niños aportaron la glucosa y eso que uno de ellos es diabético y entre el conflicto entre los platos combinados y la alta cocina se cuela una pastelera (Begoña Maestre) con un cierto aire francés que nos recuerda a Audrey Tatou en Amélie y a Juliete Binoche en Chocolat.

Pero los homenajes van más allá y ver Peñíscola, un barco y al personaje de Blanca Portillo, nos lleva a Nerja y a Verano Azul, mientras que Jesús Bonilla, su hijo (El Langui) y su sobrino (Adrián Rodríguez) nos hacen recordar la taberna de los hermanos Serrano. Sí, también aparecen Dafne Fernández y Santi Millán -que asume muy bien su papel de cocinero “cool” y estrella de la gastronomía con el ego subidito-.

Sí, los actores son buenos; sí, se deja ver y se podría ver, si no existieran en el mundo decenas y decenas de series con una duración mucho menor y donde no se rellena porque sí. La audiencia respondía con 4.656.000 y 24,6% de cuota de pantalla -el segundo capítulo nos informará de la tendencia-. Lo que no impide decir que es lo de siempre y es una lástima porque el exceso de grasa no está en su freidora o en su platos combinados, sino en su duración y esto hace que la gracia se diluya.

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