28 febrero 2010 Actualidad, Animación, Crítica, Profesionales, TV y sociedad, TVE 1

David el Gnomo, uno de los iconos de la animación española, acaba de cumplir 25 espléndidos años. De hecho, si comparamos esta serie de animación con otras que se hacían en su misma época y con muchas de las que se emiten en la actualidad, aún sigue ganando el simpático gnomo y su entrañable comunidad de amigos. A pesar de los avances técnicos en animación, pocas series han conmovido más a la audiencia.

Sin duda alguna, todo aquel espectador que compartió algún momento de su infancia con David, Lisa o su inseparable zorro Swift recordará el inicio de la cabecera, esa divertida cancioncilla y por supuesto el último episodio, tan dramático y tan educativo a la vez. David el Gnomo, a pesar de su tamaño, marcó enormemente a muchos niños en la era de los 80, tal vez a más de los que se podía imaginar su creador, el mallorquín Claudio Biern Boyd cuando lo concibió en un viaje lleno de escalas.

Así es, David el Gnomo surgió por casualidad, a raíz de que este mallorquín, hoy en día presidente de la productora de animación BRB Internacional y creador a su vez de Willy Fog y D’ Artacán y los tres mosqueperros, viese en un aeropuerto el libro Los Gnomos, del escritor Willi Huygen con ilustraciones de Rien Poortvliet. Y esa bonita casualidad convirtió su estreno en la primavera del 85 en un rotundo éxito que hace que hoy en día todavía se editen en DVD sus 26 capítulos. Tardó tan sólo dos años en llegar al mercado estadounidense, donde sufrió su primera censura al no poder emitirse unas escenas en las que Lisa amamantaba a sus hijos Noelia y Harold, y de ahí a países de todo el mundo. En el 87, quisieron repetir el mismo éxito con La llamada de los gnomos, que protagonizaban el juez Klaus y su ayudante Dani, mientras que a finales de los 90 se estrenó El nuevo mundo de los Gnomos. Sin embargo ninguna de sus continuaciones marcó tanto a una generación como cuando David el Gnomo, con 400 años a sus espaldas, se convierte finalmente en un cerezo.

Por otra parte, mirando atrás, hay que resaltar su carácter educativo; nos mostró la muerte con la mejor de las sonrisas, nos estimuló el amor por la naturaleza, el respeto a los animales, el sentido de la lealtad y de la amistad, la hospitalidad y el respeto al prójimo, y nosotros lo asimilábamos con normalidad, mientras temíamos que los Trolls se acercasen demasiado a su casa o atrapasen a su veloz zorro Swift. Y por supuesto, nos mostró una nueva forma de beso infantil, el beso de nariz de los gnomos, que más de uno recordará con nostalgia. A continuación os dejo el final de la serie, por si alguno que lo hubiese olvidado;

Vía | Diario de Mallorca

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