28 abril 2016 Crítica, Estrenos, Profesionales, Programación, Series

La Embajada, una sobredosis de intrigas en Tailandia

La Embajada es la nueva apuesta de Bambú producciones para Antena 3. El tándem entre la productora y la cadena ya lleva unos cuantos éxitos a sus espaldas y el resultado del lunes augura que estos puedan continuar con su nueva apuesta de ficción tras Hispania, la leyenda, Gran Hotel, Bajo sospecha o Velvet. Resumiendo podríamos decir que el piloto nos dejó una sobredosis de íntrigas, eso sí, ambientadas en Tailandia. Es la historia de siempre, pero cambiamos el espacio de acción principal y el lugar geográfico. Si se encuentra una fórmula que funciona, es lógico querer explotarla hasta que se agote e ir “sobre seguro”.

Pasamos del acaramelado ambiente de Velvet, que era hasta el lunes su último estreno en la cadena principal de Atresmedia TV, a un escenario totalmente distinto en el que contrasta la temperatura ambiental con la de los personajes que son fríos como témpanos de hielo. Muchos espectadores no podíamos imaginarnos que en el interior de una embajada se viviera semejantes historias como, haciendo un símil, tampoco pensábamos que los hospitales pudieran ser como el Seattle Grace de “Anatomía de Grey”.

La Embajada se nos presenta como “un nido de víboras” o un negocio en el que todos están muy bien acomodados y a los que perturba la llegada de una pieza que les puede hace peligrar sus tejemanejesSin desviarnos del camino, La Embajada sigue apostando por otra de las bazas de la productora: darle al espectador caras muy conocidas en sus repartos unidas a las de actores habituales en sus series. En este caso, si tuviéramos que señalar a un único protagonista, diríamos que es Belén Rueda, la mujer del embajador.

Desde sus comienzos como actriz hasta la actualidad, la evolución de Belén Rueda ha sido destacable y desde hace tiempo está claro que puede llevar el peso de una película o serie y aquí lo demuestra. La acompañan muchos rostros populares, guapos, jóvenes, pero con capacidades para la actuación bien distintas, como Úrsula Corberó, Chino Darín -hijo de Ricardo Darín-, Maxi Iglesias, Amaia Salamanca o Megan Montaner. Entre el grupo “más veterano” tenemos al siempre solvente Raúl Arévalo, a Melani Olivares, Carlos Bardem, Tristán Ulloa o al embajador, Abel Folk, al que hemos visto en “Isabel” y que cuenta con una notable carrera como doblador.

La frialdad de los actores a la hora de abordar sus papeles suponemos que es un requisito del tono de La Embajada que se nos presenta como “un nido de víboras” o un negocio en el que todos están muy bien acomodados y a los que perturba la llegada de una pieza que les puede hace peligrar sus tejemanejes. Llega el nuevo embajador con un aura de integridad y de justicia que asusta y alerta a casi todos los que le rodean que lo ven como una molestia desde el primer momento, por lo que no dudarán en hacer lo que sea para recuperar su estatus.

No nos podemos olvidar de que un año después el embajador es detenido y lo que nos cuentan es un flashback narrado por su esposa a la que da vida Belén Rueda frente a un juez. ¿Qué podría hacer que siguieras viviendo esta serie? Probablemente saber cómo se ha llegado hasta ese punto, sí, algo tan simple como la curiosidad. ¿Es suficiente aliciente? En próximas entregas, lo comprobaremos.

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