15 septiembre 2011 Crítica, Digital+, Internacionales, Premios, Profesionales, Series

En 1945, para adaptar al cine Mildred Pierce (conocida en España como Alma en Suplicio), el director Michael Curtiz decidió introducir un giro inesperado, el asesinato de uno de los protagonistas. Una vuelta de tuerca a la obra de James M. Cain que convertía a la cinta en una animal completamente distinto, encajada en el género negro y policíaco. Hecho para adaptarse a los gustos del público de la época, la búsqueda del asesino mediante flashback hacía más simple la conversión de esta extensa novela al celuloide, que venía apadrinada por una magistral Joan Crawford a la que hiciera ganar un merecido Oscar.

En 2011, HBO ha decidido revisitar la obra, pero ahora sin necesidad de triquiñuelas ni homicidios, con total fidelidad, y poniendo en cabeza a una Kate Winslet que nada tiene que envidiar a su predecesora. El resultado es inmejorable, el cine noir se reconvierte en drama personal, centrándose esta vez en hacer un pormenorizado estudio de personajes, y narrado a ritmo pausado, donde los silencios son lo más importante (al igual que en todas las grandes series de televisión actuales), y con una pizquita de algo que nos recuerda al mejor cine clásico.

La tranquilidad de tener seis horas en su poder da al director Todd Haynes (Lejos del cielo) espacio para bucear por los parajes más interesantes de la novela, a través de los conflictos de los protagonistas, y de uno de los episodios más jugosos de la historia americana del siglo XX. Los convulsos años tras la gran depresión que quedaron borrados de un plumazo en la cinta original, pero esta vez son un personaje más de la cinta, uno que hace evolucionar y aprender a su protagonista.

El punto focal de esta historia es, obviamente, Mildred Pierce, una madre coraje que, después de echar de su casa a su marido, decide enfrentarse a las vacas flacas aceptando un trabajo de camarera. Un puesto tan indigno para la clase de vida que siempre ha creído vivir como necesario para dar de comer a sus hijas. Una posición que es solo una puerta para llegar algo más grande, y comenzar a construir su propia cadena de restaurantes.

Si su personaje hubiera vivido en la actualidad, podría haber sido una empresaria vanagloriada y triunfadora. Sin embargo, en los años 30, tiene que aguantar al mundo recriminándole su posición de simple trabajadora que se mancha las manos entre tartas y pucheros. Un relato sobre la superación personal, el feminismo y las luchas de clase, Mildred se da cuenta demasiado tarde de que no puede hacer feliz a todo el mundo, y menos a su hija Veda, una malcriada y caprichosa niña que siempre ha tenido ínfulas de grandeza.

A través de este personaje, Winslet explora todo el abanico emocional. La protagonista de Titanic y Olvídate de Mí está presente en cada plano, tanto física como emocionalmente. La amiga de los Oscars es de esas actrices que mejora cada proyecto que toca, y el gran drama le funciona especialmente bien. Sin ella, el proyecto hubiera tenido la misma calidad de puesta en escena y ambientación (a los que premian gran parte de las 21 nominaciones a los Emmy), pero, sin ella, la historia perdería su alma y Mildred no sería, ni mucho menos, tan interesante, contradictoria y complicada.

Aunque Cain sea uno de los escritores estadounidenses más reconocibles no es ni mucho menos Shakespeare, y todos los fallos de su obra se repiten en esta mini-serie. Es fiel hasta en eso. Los diálogos, muchas veces sacados directamente de las páginas, no son lo más brillante (aunque, como hemos dicho, los silencios son todavía más importantes), y algunos giros argumentales son telenovelescos y difícilmente creíbles (véase, la repentina conversión de Veda Pierce en exitosa soprano, que alcanza en unos pocos meses). No podemos dejar de nombrar tampoco la pasión de Haynes por crear planos curioso, y a veces obtusos, solo para dejar claro que el director sigue detrás de la cámara. A veces funcionan como signo de expresión, pero acaban siendo exagerados e innecesarios, convertidos en delirios de grandeza similares a los de Veda.

Todos los fallos son olvidados gracias a lo bien que funciona el engranaje de una producción que, aunque empieza con un ritmo que decae levemente al final, sabe manejar a sus personajes y hacerlos creíbles y reales para la audiencia. Gran mérito lo tienen el resto del reparto, compuesto por secundarios de lujo, caras reconocibles de Hollywood siempre dispuestas a hacer un buen trabajo. Guy Pearce se pone frente a Winslet sin ningún miedo y sale victorioso como el clasicista amante Monty Beragon; Evan Rachel Wood, tan exagerada como su personaje, construye una manipuladora Veda a la que nos encanta amar y Brían F. O’Byrne, Melissa Leo y Mare Winningham dan la calidez, el descanso y tranquilidad que necesita la convulsa vida de Mildred (y el espectador). Todos ellos tienen una merecida nominación a los Emmy de este domingo.

Pese a que el slogan ya no está en uso, HBO siempre será recordada por aquello de ‘no es televisión, es HBO’. No obstante, la frase, aunque llamativa, nunca ha sido del todo apropiada. El canal utiliza los mejores elementos de la televisión -su formato, su estructura, el tiempo, la serialización…- a su favor, como arma y motor para dar vida a sus obras, y así hacer obras magistrales que no podrían verse en ningún otro medio que impusiera sus restricciones. HBO demuestra que el formato televisivo no es el culpable, sino la manera de enfocarlo. ‘ES televisión, gran televisión’. De este modo, algunos de los mejores trabajos cinematográficos están cada año en HBO. Ésta es un inmejorable ejemplo. Como antes lo hicieron Temple Grandin o John Adams, Mildred Pierce supera con creces la práctica totalidad de los filmes que Hollywood ha lanzado en este 2011.

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