27 octubre 2011 ABC, Crítica, Estrenos, Internacionales, Nueva temporada, Profesionales, Series

Gracias a que pueden ostentar el sobrenombre de “los guionistas y productores de Perdidos”, Adam Horowitz y Edward Kitsis han sido de los pocos creadores que han tenido la suerte de conseguir luz verde esta temporada para crear una serie de fantasía. Y dentro de una televisión generalista demasiado asustada al riesgo y unos estudios encantados con los dramas policíacos y las sitcom baratas, eso es todo un lujo. Vanagloriados por ser parte del equipo de una de las ficciones más importantes de la historia reciente, Once upon a time (Erase una vez…) les lleva por unos derroteros diferentes, pero que comparte muchos detalles con su anterior trabajo y que, como aquella, tiene muchos visos de triunfar al tiempo de crear un producto de calidad, siempre que las ideas queden claramente establecidas desde el principio.

Aunque la idea no sea tan original como parece a primera vista, su desarrollo es arriesgado y su temática y género produce un tan necesario soplo de aire fresco para los televidentes. Los guionistas tienen frente a ellos, sin embargo, el difícil reto que otros como Flash-Forward no han superado en años anteriores, lograr cubrir el hueco que dejó Lost en ABC e intentar alargar un concepto de amplias proporciones que, en un primer momento, podría parecer más adecuado para narrar una mini-serie de SyFy. Los datos de audiencia en su estreno han sido excelentes, pero todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, así que nadie cante victoria todavía. Las ideas se pueden desgastar con rapidez.

Como en Perdidos (y Flash-Forward) la trama mezcla de manera inteligente dos tiempos claramente distinguidos, igualmente interesantes y atrayentes. Ambos están conectados por una delgada pero robusta línea que ayuda a que no sean dos series diferentes. Por una parte nos encontramos con el mundo plenamente fantástico donde se desarrollan las historias de los cuentos de hadas que inmortalizaron los hermanos Grimm o Hanks Christian Andersen y que Disney hizo parte de la cultura moderna. En el presente, la Emma Swan de Jennifer Morrison se convierte en los ojos del espectador. Una chica aparentemente común que comienza a descubrir sus orígenes mágicos a través de un misterioso niño que dice ser su hijo biológico, y que vive en un pueblo donde residen los que parecen ser los antiguos habitantes del universo fantástico, ahora amnésicos.

La antigua chica House tiene en este carácter un protagonista que venía mereciéndose desde hace tiempo, mientras que el joven Jared Gilmore llega desde Mad Men para demostrar que es adorable e inteligente al mismo tiempo. Ginnifer Goodwin cumple con solvencia su doble papel y Josh Dallas cubre los requisitos del héroe. Pero si alguien brilla sobre el resto es esa malvada bruja a la que amaremos odiar, a la que interpreta Lana Parrilla, que en su versión mundana tiene una faceta mucho más humana e intrigante. El siempre excelente Robert Carlyle también deja varias perlas en una pareja de monstruos de los que queremos saber más. A su alrededor, el concepto deja la puerta abierta a muchos invitados curiosos en una historia que puede ir cambiando de principales con el tiempo. Solo las próximas semanas veremos a Kristin Bauer (True Blood) como Maléfica; Giancarlo Esposito (de Breaking Bad) como el Espejo Mágico; Jessy Schram como Cenicienta y a Alan Dale (Lost) y Richard Schiff (El Ala Oeste) como los grandes Reyes.

Las historias retratadas en todos estos cuentos son tan simples como imperecederas, y, gracias a ellas, los creadores ya tendrán parte de su trabajo hecho. La dificultad vendrá a la hora de conectar los relatos del mundo real, donde el conflicto entre buenos y malos no es tan maniqueísta y donde los personajes tendrán que hacer los mismos esfuerzos para llegar hasta el mismo punto, captar la atención del televidente, e indagar en la temática de las historias más clásicas (amor, familia, poder…) para llegar a la parte más profunda del espectador.

Con claras reminiscencias en la mini-serie El décimo reino, una ficción cutre y barata emitida en el 2000 por NBC (incluida en varios sábados por la noche en ese genial ciclo que llamaba ‘Grandes Relatos’ de Telecinco), si una obra es influyente en este Once upon a time ésa es sin duda el cómic Fábulas, una obra maestra del noveno arte. El cómic de DC/Vertigo era una historia llamada a ser adaptada por la pequeña pantalla y ABC incluso se atrevió a comprar los derechos a la editorial. El problema es que desde entonces, Disney (propietaria de ABC) se ha fusionado con Marvel y, aprovechando para no adaptar un trabajo de la competencia, cayó en la cuenta de que una transformación sin pagar un duro salía mucho más provechoso.

Todos los que hayáis leído esta magnífica serie, habréis visto que algunos detalles son demasiado cantosos como para ser simple coincidencia, y, según parece, las similitudes van a seguir apareciendo. Sin embargo, la serie de televisión, por desgracia, no comparte ese aire adulto que hace grande a un cómic donde cualquier inesperado giro argumental es posible y en el que el entramado político y social es casi más importante que los cuentos fantásticos. Once upon a time ha comenzado con fuerza, pero le queda mucho para llegar al nivel de las historietas a las que sin ningún descaro, y sin meter la mano en el bolsillo, adapta libremente.

Os dejo, como curiosidad, el tráiler de la mencionada mini The 10th Kingdom. Si John Larroquette, Warwick Davis, Scott Cohen, Dianne Wiest, Ed O’Neill, Rutger Hauer o Lucy Punch comenzaré a sospechar que a alguien le gustó demasiado esta idea de cruzar la realidad de una gran ciudad con el mundo de los cuentos.

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