14 octubre 2009 Actualidad, Cuatro, Nueva temporada, Profesionales, TV y sociedad

Samanta Villar ha declarado finalmente ante el juez por su presunta implicación en un robo de hierros mientras realizaba uno de los programas que presenta en Cuatro; 21 días viviendo en una chabola. Según la declaración de la periodista “no tenía ni idea de que se iba a producir un robo” y pensó que la familia gitana “estaba de broma”.

Algo así habrá pensado el juez al oírla, más teniendo en cuenta las imágenes en las que la periodista afirma “tener el corazón a dos mil por hora” por si alguien les sorprendiese mientras esperaba en la furgoneta. Samanta Villar acompañó durante los 21 días que duró el reportaje a una familia perteneciente al asentamiento chabolista de El Vacie, en Sevilla, durante todas sus actividades diarias, venta ambulante y hurtos menores incluidos, que después de su emisión fueron denunciados por una empresa supuestamente afectada.

Esta emisión ha provocado que la familia protagonista del reportaje también tenga que acudir a declarar el próximo jueves por su presunta participaron en el robo, sobre el que la periodista continúa afirmando no haber tenido “ni idea”. Según la propia Guardia Civil la participación de Samanta Villar “se ha debido al desempeño de una labor informativa, sin ánimo de lucro”… algo más que discutible puesto que el ánimo de lucro es un concepto difícil de definir en televisión… ¿o acaso emitir hurtos y desgracias ajenas no es lucrativo en televisión, los protagonice quien los protagonice?

La periodista, suponiendo que es tan sagaz y observadora como para realizar este tipo de reportajes, algo debía intuir por la clandestinidad y la rapidez con la que actuó todo el clan (ella incluida), pero al parecer ahora que le ha visto las orejas al lobo ha decidido rectificar su posición y declarar ignorar los hechos. En su momento no parecía tener tantos miramientos sobre el supuesto robo y decidió aprovechar la oportunidad de esta “exclusiva” sin recelos, sin cuestionar a la familia la legalidad de su actividad.

Tampoco sus jefes tuvieron miramientos a la hora de emitir las imágenes del presunto hurto ni les importó quién saldría perjudicado. Ahora resulta que la periodista no tenía ni idea del robo y que tan sólo realizaba una “labor informativa”, mientras que el clan gitano implicado, ese al que Samanta Villar llegó a coger “tanto cariño” y con el que lloró en su despedida, deberá responder por las imágenes y su “ánimo de lucro”.

Esperemos que este incidente sirva de lección a los programas de reportajes que intentan acercarse con buena cara a los delincuentes mientras muestran sus delitos por todo el país (no es el caso de Callejeros), y que sirva para que Samanta Villar, esa periodista que vive en su pequeña torre de cristal en la que nada le afecta ni influye, conozca por fin a una persona que haya pasado por la cárcel aunque sea tan sólo un día; ella misma, y pueda así realizar un nuevo reportaje; 21 días entre rejas.

Vídeo | Youtube

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