Los debates electorales bajo la mirada de El Ala Oeste de la Casa Blanca y Saturday Night Live

Los debates electorales bajo la mirada de El Ala Oeste de la Casa Blanca y Saturday Night Live

Escrito por: Eneko Ruiz    7 noviembre 2011     Sin comentarios     6 minutos

La serie de Aaron Sorkin y el longevo programa de sketchs han dibujado algunos de los debates electorales más apasionantes de la historia de la televisión, a años luz de los encorsetados cara a caras españoles.

Preparados como estamos los españoles para asistir esta noche a nuestro debate presidencial anónido y encorsetado, algunos añoramos el sistema de cara a caras de la campaña estadounidense, una tradición tan larga como entretenida y apasionante. Incluso la ficción televisiva se ha sentido en multitud de ocasiones interesada por el drama y la comedia de estos eventos electorales, parte esencial de cualquier lucha política.

El Ala Oeste de la Casa Blanca
se lo tomó especialmente en serio (como era de esperar por su temática) y creó un episodio muy especial en la séptima temporada, íntegramente dedicado al debate. Un capítulo emitido especialmente en directo para producir un realismo y una improvisación que ya nos gustaría tener en los enfrentamientos patrios.

Mezclando los siempre excelentes guiones con el buen hacer de dos actores veteranos que parecían tan sueltos como en una cita normal, el cara a cara presentaba a dos candidatos muy interesantes que argumentaban sus convicciones y creencias, reflejo del mundo real y de lo que había sido su serializada campaña. Alan Alda era el candidato republicano Arnold Vinick, empeñado en bajar los impuestos y criticado por su falta de creencias religiosas; mientras que Jimmy Smits se ponía en la piel de Matt Santos, un joven demócrata lleno de ideales que, pese a estar llamado a convertirse en el primer latino en la oficina, no quería ser destacado por ello. Aquí tenéis algunas de las mejores perlas, aunque lo mejor sigue siendo echar un vistazo a esta serie, imperecedera, única e imprescindible, desde sus comienzos:

A veces, la realidad copia a la ficción, y este debate se convertiría solo en un avance de lo que solo un par de años después sería el debate presidencial de Barack Obama y John McCain. El personaje de Smits estaba, por supuesto, basado en la figura del gobernador afroamericano de Illinois, y predijo, casi paso por paso, los movimientos que éste tomaría hasta llegar a la Casa Blanca. Estamos seguros que el actual Presidente de Estados Unidos desempolvó sus DVDs antes de lanzarse a la carretera y cada vez que se enfrentaba a McCain. Los parecidos en el desarrollo de la campaña son demasiado obvios como para ser mera casualidad.

Antes, en la cuarta temporada, Martin Sheen y su Presidente Bartlett se había enfrentado al debate para su reelección, aunque esa vez el episodio se centró en narrar la cuidada preparación que llevan estos programas, con el equipo trabajando al máximo de sus posibilidades para que todo salga a la perfección. Que nadie sude como Nixon. Que nadie mire el reloj como Bush Padre. Que nadie hable de la niña de Rajoy. Eso solo son algunas de las claves para no pifiarla en un debate. Esta vez, Bartlett se tuvo que enfrentar a un candidato republicano interpretado por James Brolin (que, paradójicamente, es uno de los liberales más famosos de Hollywood). Minutos antes, la primera dama (la gran Stockard Channing) tiene la brillante idea de cortarle la corbata a su marido a modo de estrategia, para espantar el resto de los temores. El resto, es historia:

Volviendo a la vida real, este mismo 2012 (época de elecciones para los norteamericanos), HBO estrenará la jugosa película Game Change, que convierte a Ed Harris en McCain y a Julianne Moore en Sarah Palin, dentro del contexto de las populares elecciones de 2008. Seguro que volvemos a asistir a algunos de sus mejores momentos en los debates, pero nadie ha sabido capturar tan bien a los políticos como un conocido programa de sketches que lleva 37 años dando caña.

Los debates de Saturday Night Live, la otra cara de la moneda

Si los cara a caras tienen alguna influencia en la decisión del voto, la importancia de Saturday Night Livetampoco se puede negar. El primer debate al que parodiaron los maestros del sketch se remonta a septiembre de 1976, cuando, en la premiere de la segunda temporada, los dobles de Gerald Ford y Jimmy Carter daban comienzo a una tradición de los sábados. Chevy Chase volvía a meterse en la piel del todavía presidente, un personaje que le había disparado a la fama; mientras que Dan Aykroyd empezaba a dejarse ver como el candidato demócrata y antiguo empresario cacahuetero que rozaba la Casa Blanca.

El primero, a punto de abandonar su puesto como regular en el programa para probar suerte en Hollywood, había convertido al republicano en el verdadero hazmerreir del país, un Comandante en jefe torpe y despistado que tenía todas las de perder. El propio Ford se había dejado ver diciendo aquello de “Live from New York! It’s Saturday Night!” la temporada de estreno, tratando de hacer ver a los jóvenes de que sabía encajar un buen chiste. Chase, por su parte, se tomó su trabajo electoral con tanta seriedad que se lesionó al caerse desde el atril, dejándolo en el hospital durante un par de semanas.

A través de los años, las imitaciones presidenciales han sido un icono del show: Joe Piscopo, Randy Quaid y Phil Hartman como Ronald Reagan; Dana Carvey como Bush padre; Darrell Hammond como Bill Clinton y Will Ferrell como Bush Jr. Aunque el Obama de Fred Armisen no sea la más brillante de todas ellas, la última batalla, en 2008, se convirtió todo un hito de la historia de la televisión, gracias a la Sarah Palin de Tina Fey, quien era empujada de regreso al show por su increíble parecido a la candidata. Su caracterización fue clave para que el mundo conociera a este personaje televisivo que veía Rusia desde su hogar en Alaska. Pese a que esto probablemente hizo que los estadounidenses no se tomarán demasiado en serio a una Palin como futura vice-presidente, le dio una popularidad suficiente para mantenerse en el candelero de Fox News hasta el día de hoy.

Y la rueda sigue girando… En su trigésimo-séptima temporada, el show ya se ha burlado de los debates presidenciales que estos días se expanden como la peste por la televisión estadounidense. En algo que guarda demasiadas similitudes con un reality show, con debates de manera casi semanal, están saliendo un grupo de personajes bizarros que no abandonan la oportunidad de ser presidentes. Como bien dijo Obama hace unos días, todavía estamos esperando a conocer quién será el primero que abandone la isla. Las audiencias, eso sí, están respondiendo.

Mientras esperamos -sin demasiada esperanza- a que nuestro país cuente con esta variedad de enfrentamientos públicos, tan bien orquestados y sin tantos factores constrictivos, nos conformaremos con nuestro modelo, aburrido y bastante soso. Los buenos debates son más que nada, un reflejo de una democracia fuerte. Tengan un buen debate.

Vídeos | Youtube


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