El incesto está de moda en el cable estadounidense

El incesto está de moda en el cable estadounidense

Escrito por: Eneko Ruiz    17 diciembre 2011     Comentario     6 minutos

Juego de Tronos, Boardwalk Empire, Bored to Death y Dexter se unen al último grito de la provocación televisiva, el incesto.

Desde que a HBO echara alas y Tony Soprano decidiera cometer su primera matanza en pantalla, el tabú del protagonista como asesino despiadado se ha ido diluyendo. Los asesinatos se han multiplicado indiscriminadamente por los grandes dramas de éxito, y la televisión nunca más la verá como una zona peligrosa a la que acercarse. Por eso, parece que ha llegado la hora de escarbar en nuevos tabúes de nuestra cultura, nuevas conductas anti-sociales que levanten cierto interés y algunas ampollas en el espectador. La última moda: el incesto, ya vaticinado de manera apocalíptica por Antonio Resines en Los Serrano.

El cable ha acogido el concepto con los brazos abiertos y sin tapujo alguno, convirtiéndose casi al mismo tiempo, y probablemente por mera casualidad, en trama central de varias de sus series estrella. Todo empezó con Juego de Tronos, donde, al final de su primer episodio, asistíamos a una tórrida escena de sexo entre los hermanos de sangre Cersei (Lena Headey) y Jamie Lannister (Nikolaj Coster-Waldau). Una secuencia que acababa con un niño cayendo por la ventana y una frase icónica. La revelación fue un golpe de efecto con todas las de la ley, y cliffhanger ideal del piloto, pero su historia va mucho más allá.

Todo el que haya leído los libros sabrá que su relación es una de las historias de amor más reales y destructivas de la saga, una en la que el hecho de ser hermanos es solo un mero dato más. Ese “¡Las cosas que hago por amor!” en boca de Jaime que cerraba el primer episodio sirve para describir el transcurso de la pareja, que acababa la temporada sumando otro incesto a la lista, cuando Cersei sustituye a su hermano por su primo adolescente, Lancel (Eugene Simon), un mero juguete sexual de la manipuladora reina.

También en HBO, Boardwalk Empire ha cerrado temporada echando la llave a una relación que nos olíamos desde los anales de esta serie de gángsters que mejora a cada capítulo que pasa. En un flashback que nos llevaba hasta el origen de Jimmy Darmody (Michael Pitt) descubríamos que el personaje abrazaba, por fin, el síndrome de Edipo, al alistarse en el ejercito tras pasar una noche desenfrenada entre alcohol y sexo con su manipuladora madre, que fue embarazada con solo 13 años. La guinda la ponía la acción fratricida del capítulo anterior. Un hecho de vital importancia, además, para entender el comportamiento de Darmody, que suma una capa en la personalidad del personaje del creciente Gretchen Moll, actriz que solo lleva nueve años a su compañero de reparto. A pesar de la poca distancia entre los actores, los guionistas han definido con tanto cuidado su relación que esta noche de confusión crea más incomodidad en el espectador que cualquier otra de violencia, sangre y tiros.

No será la primera ve, que una grande tragedia, real o ficticia, esté acompañada por incesto. La situación concreta sirve para explorar el daño que causa el acto. Dos mentes crecidas en terreno abusivo se une en una espiral de humillación profunda. Como ha sido explorado en millones de ocasiones por Twin Peaks y otros dramas procedimentales de menor calibre -desde CSI hasta Ley y Orden– en capítulos episódicos.

Desde una perspectiva muy distinta observa el asunto Bored to Death, la comedia indie por antonomasia y una de las obras más infravaloradas y divertidas de la historia de HBO. Por primera vez en tiempo, Jonathan Ames (Jason Schwartzman) termina la temporada feliz y con una relación aparentemente estable, dando vueltas en una pista de baile. Todo sería aparentemente idílico si al principio del hilarante episodio no se hubiera enterado de que su recién formada pareja (Isla Fisher) es también su hermana. Ante la indecisión entre decírselo, y quedarse solo de nuevo, o seguir bailando el vals, Ames parece finalmente inclinarse por la segunda y continuar girando con su atractiva compañera. Ojos que no ven, corazón que no siente. Una temporada que ha explorado la paternidad no podría tener mejor final que el incestuoso. Y todo cuando la continuación de la serie sigue en el aire.

Esta pasada semana además, Showtime y Dexter se subían al carro del incesto incómodo, dejando entrever la futura relación entre el protagonista y su hermana Debra. Al parecer, y según palabras de su psicóloga, los problemas en el amor del personaje de Jennifer Carpenter tienen su origen en el amor que profesa hacia del asesino en serie, y los freudianos sueños de la teniente parecen demostrar la teoría. Un inesperado giro de culebrón, bastante fuera de lugar, encajada con calzador en una temporada deficiente y rocambolesca que debería haber vaticinado el fin de la serie.

Es verdad que Dexter y Debra no son hermanos de sangre, pero, aún así, su relación familiar ha sido una de las más convincentes y exclusivas de la pequeña pantalla, una que no necesitaba sexo ni romanticismo para ser creíble. Todavía más extraordinario es el hecho de que, en la vida real, Michael C. Hall y Carpenter acaban de firmar el divorcio. Casi parece una maquiavélica jugada de los guionistas por reunir a la pareja.

El incesto light, entre hermanos adoptivos y hermanastros, ha sido, por cierto, una constante de la pequeña pantalla, pese a que habitualmente solo era un signo de los creadores quedándose sin ideas. Así, por ejemplo, Justin (Dave Annable) y Rebecca (Emily VanCamp) de Cinco Hermanos pasaban por el altar tras descubrir que no estaban relacionados, y en Nip/Tuck -que siempre intentaba con demasiada fuerza ser provocativa- el incesto entre hermanos o hijos adoptivos era solo un tema recurrente en sus tramas. Incluso Lost se atrevió en su primera temporada a enlazar a Boone (Ian Somerhalder) y Shannon (Maggie Grace), que mantenían relaciones muy distintas en la isla y fuera de ella. Algo que no gustó mucho a su audiencia.

Después de romper mitos y tabúes sobre la pequeña pantalla y sus personajes (el primero ese que dice que sus protagonistas deben ser amables y simpáticos), queda claro que los canales de televisión no tienen el pudor de antaño por mostrar el incesto en pantalla. Es más, el incesto ya no solo es mostrado como una pieza clave en una dramática tragedia, sino que se enfoca incluso desde el punto de vista romántico e incluso con una cómica ‘total normalidad’.


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